El Centro de Voluntarios del Sufrimiento
El Centro de Voluntarios del Sufrimiento funda sus raíces en
la petición de oración y penitencia que la Virgen presentó a la humanidad en
los santuarios de Lourdes y Fátima.
En la ocasión del 50° aniversario de fundación del Centro de
Voluntarios del Sufrimiento, celebrado en Marino (Roma) el día 6 de septiembre
de 1997, Juan Pablo II se ha referido a la profunda devoción mariana de Mons.
Novarese con estas palabras:
«Él estuvo consciente que la misma Virgen, unida a su Hijo
divino a los pies de la cruz, nos enseña a vivir el sufrimiento con Cristo y en
Cristo, en la potencia de amor del Espíritu Santo. Maria es la primera y
perfecta voluntaria del sufrimiento, ella que junta su dolor al sacrificio del
Hijo, para que pueda adquirir sentido de redención»
(Enseñanzas de Juan Pablo II, 20/2 [1997], p. 268).
Después de años de trabajo, ahora son numerosos los Centros
surgidos en las Iglesias particulares, reconocidos por los Ordinarios Diocesanos.
Con el fin de facilitar el coordinamiento de estos, el Consejo
de la Asociación de fieles Silenciosos Operarios de la Cruz, conseguido el
oportuno mandado por la Asamblea general, en la reunión de octubre de 2001 en
Ariano Irpino, aprobó unánimemente el proyecto de los Estatutos de la
Confederación Internacional de los Centros de Voluntarios del Sufrimiento.
En el Art. 2° de los estatutos, de hecho, se lee: «La
Confederación tiene el objetivo de promover, favorecer y asegurar en las
asociaciones que hacen parte de ella la realización de la intuición carismática
de Mons. Luigi Novarese, que ve en el sufrimiento ofrecido por el enfermo una
participación en el misterio pascual de Cristo que lo convierte en apóstol y por
lo tanto en primicia y profecía para la valorización de toda forma de
sufrimiento presente
en la vida del ser humano (...)».
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