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Reflexiones sobre C.V.S.

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Mons. Luis Novarese

| Su infancia | La primera comunión | La enfermedad | Sanado milagrosamente |
| El sacerdocio | Las iniciativas apostólica | La línea de su espiritualidad |
| Su amor a la cruz | Un cambio en la pastoral del sufrimiento |

La enfermedad

Luis  experimentó personalmente la enfermedad y el sufrimiento. A la edad de nueve años, era el año de 1923, cuando sufrió una terrible caída y se enfermó gravemente, permaneciendo inmóvil. Le diagnosticaron coxitis tuberculosa, con numerosos abscesos, por esto lo enyesaron, para mantener derechas sus piernas. Inicia así el peregrinar de hospital en hospital, sin obtener ningún resultado. En aquel  periodo  experimentó en su propio cuerpo las graves condiciones en que se encontraban y  vivian  los enfermos.   

Por su parte, Luis Novarese poseía un equilibrio interior sólido y una fe a toda  prueba. Y habiendo madurado desde su infancia una tierna y filial devoción a la  Madre de Dios, marcó  todo su camino de crecimiento  cristiano  con una constante referencia  a la presencia  y acción de La Virgen Santísima. Tal dimensión mariana  se evidencia después en la fundación de sus obras con una repuesta al requerimiento  de oración y penitencia  que caracterizan  las apariciones de Lourdes y Fátima. La oración, la intimidad con Jesús  Eucarístico, la sincera devoción a la Virgen y el anhelo  apostólico, lo conservaron confiado, alegre y sereno, siempre simpático, amigo  de todos y “sembrador”  de esperanza y alegría.

La cosa que más lo hacia sufrir era escuchar de los compañeros enfermos  groserías,  y con grandes esfuerzos los ayudaba para que no siguieran diciendolas.

En aquel ambiente, a la edad de 14/16 años, encontró sostenimiento y fortaleza en la Eucaristía y la devoción a la Virgen, en el enseñar el catecismo a los niños  predispuestos de  la T.B.C. o sea los niños de su mismo pabellón en el hospital.

Mientras los médicos le decían a la mamá Teresa: “Señora, no malgaste su dinero,  mas este joven no durará mucho! No ve cuanto pus sale de sus heridas?.

Responde ella en seguida: “¡hasta que tenga el último delantal para vender lo venderé para la salud de mi hijo!”.

Luis tiene hasta 21 abscesos y arrojando casi un litro diario de pus.

La Señora Teresa permaneció sola con su pequeño hijo enfermo, y sin ninguna ayuda trabajaba de sol a sol confeccionando en su casa pantalones y camisas para hombre, por cuenta de empresas de confesiones de la zona. Y Luis de trece años, para  agilizar  el trabajo de la mamá, aprendió a hacer ojales y pegar botones.

   

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