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Mons. Luis Novarese
La primera comunión
Cuatro años después de la muerte de su marido, en 1919 la señora Teresa
se trasladó al Pueblo. Cada mañana, sin falta iba a la misa, llevando
al pequeño Luis de apenas cinco años.

El
pequeño Luis le encantaba acompañar la mamá y escuchar la misa, era un
niño esbelto y inteligente, había aprendido todo cuanto era necesario
para servir en la Misa y consideraba un grande privilegio el poder
hacerlo.
Lo
veían hacer todo, solamente se convirtió en un grade monaguillo
(acolito), feliz y resplandeciente, mientras portaba en manos el misal,
con esfuerzo porque era un libro grande y pesado para el.
Más o
menos todos los días le pedía a su madre si podía hacer la Comunión y
ella todas las veces le repetía que no podía, porque era muy pequeño y
por ahora no estaba bien preparado.
Una
mañana entra en la Iglesia con una idea en la cabeza; bien decidido a
recibir a Jesús a todo costo. En el momento de la Comunión, su mamá va
a comulgar. Luis se levanta y la sigue, cuando arriba en el momento se
coloca en punta de pie bien derechito para parecer más alto. El
sacerdote le pregunta: “¿has hecho ya la primera Comunión?” El
pequeño aprueba prontamente con la cabeza más y más veces, casi a decir
“ah si tantas veces”. Así hace la primera Comunión el pequeño Luisito.
La
mamá, regresaba a su puesto, mira su hijo y lo ve cuando estaba
comulgando y regresa con las manos unidas y con una completa alegría de
haber tomando el primer alimento espiritual, después de terminada la
Misa, la mamá lo toma de las orejas y lo dirige a la sacristía donde le
dice a el sacerdote “Padre mi hijo a hecho la primera comunión sin
estar preparado”.
El
sacerdote sin dudar, le hace algunas preguntas al niño, que responder
con prontitud e inteligencia a todo lo que le preguntaba. “Su hijo,
señora conoce mejor el catecismo que nosotros. Déjalo que de ahora en
adelante comulgue”.
Para
Luis fue el más hermoso día de su vida! De ahora en adelante cada
mañana Jesús entraba en su corazón, en el corazón de el que lo amaba
tanto y lo deseaba tanto! Hace la Confirmación el siguiente año.
El
pequeño Luis crecía con un carácter y temperamento decidido y fuerte.
Quería ser quien dirigirá a los compañeros, ya sea en los cantos de
la Iglesia como en los juegos. |